La privacidad como un derecho humano

Facundo Rojo Gil, CISA,CISM, Director General – VINTEGRIS

Facundo Rojo Gil, CISA,CISM, Director General – VINTEGRIS

La primera generación de seguridad de datos dio inicio a una cadena de eventos que verían que la privacidad se estableciera como un derecho fundamental.

El 10 de diciembre de 1948, el derecho a la privacidad fue explícitamente defendido por el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Nadie debe ser objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su hogar o su correspondencia, ni de ataques contra su honor y reputación.

Todos tienen derecho a la protección de la ley contra tales interferencias o ataques.

El debate sobre el procesamiento de datos

A partir de 1980, el enfoque en la privacidad pasó a la forma en que se procesaron y transfirieron los datos personales.

La tercera generación de seguridad de datos llegó en la forma de las directrices de la OCDE producidas en septiembre de 1980, que afirmaban los principios básicos que deberían regir el manejo de la información personal.

Incluía límites sobre cómo se recopilaron los datos, para qué se utilizaba, qué seguridad debería existir para protegerlos y los derechos que tenía que tener una persona para descubrir qué información se tenía sobre ellos.

Sin embargo, las directrices de la OCDE no eran vinculantes, lo que provocó disparidades en toda Europa (y aún más a nivel mundial). Esto finalmente inhibió el libre flujo de datos en todas las regiones.

Luego, en 1995, llegó la Directiva de Protección de Datos de la Unión Europea.

Esto marcó el comienzo de la cuarta generación de seguridad de los datos y buscó abordar los desafíos del flujo de datos mediante la creación de elementos comunes en toda Europa (y, por extensión, una mayor coherencia a nivel mundial).

Con los principios centrales de transparencia, propósito legítimo y proporcionalidad, es aquí donde podemos ver que comienzan a surgir los mismos rasgos centrales que componen GDPR.

 

 

Por Facundo Rojo Gil, CISA,CISM, Director General – VINTEGRIS