¿Seguridad desde un Raspberry Pi?

Josep Verdura - Analista de Seguridad de Vintegris opina sobre la seguridad en Internet

Josep Verdura – Analista de Seguridad de Vintegris

La privacidad es una cuestión cada día más crítica, los usuarios buscan afanosamente proteger su privacidad y anonimato en sus sesiones que de Internet, pero precisamente al IP pública que utilizan para conectarse, le permite a un actor malicioso saber a dónde estamos localizarnos, de manera simple y concreta.

Raspberry Pi es el corazón de ProxyHam, un dispositivo capaz de engañar a quienes intenten localizarnos a través de nuestra IP.

En el marco de la próxima conferencia de hackers DefCon su creador, Ben Caudill, presentará este singular dispositivo que actúa como un proxy de bolsillo. ProxyHam utiliza una conexión de radio para agregar una capa física de ofuscación que impide localizar al usuario de Internet.

ProxyHam, se ha montado con un costo de componentes que no alcanza a los 200 dólares estadounidenses, se conecta a WiFi y transmite la conexión sobre una conexión de radio de 900 MHz a una computadora remota, considerando del punto de origen. El rango de alcance de la señal puede ser de hasta 4 kilómetros dependiendo de los obstáculos (edificios, por ejemplo) que tengamos delante. El usuario utiliza el ProxyHam cualquier lugar público, y luego se conecta remotamente a ella para ofuscar su localización, por ejemplo desde su empresa.

ProxyHam le ofrece al usuario todas las ventajas de estar conectado desde un café o cualquier otra ubicación remota, pero sin estar físicamente allí.

Esta singular caja hace uso de una Raspberry Pi conectada a una tarjeta WiFi USB y a una pequeña antena de 900 MHz. Aunque su creador defiende la idea que ProxyHam protege a usuarios de Internet, y de todos los datos sensibles que se trafican como los responsables de filtraciones, no debemos negar que el potencial de esta herramienta en manos inescrupulosas podría ocasionar mucho daño a cualquier usuario desprevenido que se conecte de forma inocente.

 

Por Josep Verdura – Analista de Seguridad de Vintegris